Pájaros en el nido




 Se ha estipulado poner punto y final,
devenir en minuendo y en substraendo.
Pese a que ahora el silencio es lo ideal,
en el nido, pájaros siguen viviendo.
¿En qué instante aquello que es provisional
definitivo al final termina siendo?
Ningún otoño volverá a ser igual,
si bien las hojas continuarán cayendo.

Nunca el tiempo ha querido favorecer
la intrepidez de esta aventura amatoria;
si los planes fracasan -es menester-
improvisar será nuestra trayectoria.
Es tiempo de dejar la lluvia caer
sobre cada palabra y nuestra memoria,
sobre promesas y canciones de ayer,
sobre cualquier ápice de nuestra historia.

Y al volver la primavera y su vigor,
prométeme que seremos parecido
a aquél árbol que recupera su flor,
tal como si nunca la hubiese perdido.
Mientras el invierno ejerce su labor,
yo hasta tu reencuentro, tiempo cumplido,
no volveré a conocer qué es el amor,
 
cual ave migratoria vuelve a su nido.


Samuel Álvarez Conejos

Soneto del fuego


Cuando sube la marea
y el horizonte se acuesta
surgen dudas sin respuesta;
enciendo la chimenea.

La dicción que el fuego humea
me ilumina y me contesta,
su armonía queda expuesta
y su voz me canturrea:

“¿Quíen prevendrá tu caída?
La noche todo subvierte,
te da la fruta prohibida.

La sabia edad te despierte;
misterios hay de la vida
que sólo aclara la muerte."


Samuel Álvarez Conejos

Resquicio de amor extraviado



¿Recuerdas cuando éramos libres?
Solíamos dejarnos atropellar por el viento y reírnos de las mareas,
construir fortalezas de arena, agua y esperanza,
respirar la brisa marina y mezclar su olor con el tuyo,
refugiar tu desnudez en mi abrazo,
combinar nuestras sonrisas para crear una eternidad.

¿Recuerdas cuando no conocíamos el miedo a correr riesgos?
La única preocupación entonces era dormir, soñar y amanecer juntos,
pringarte la boca de yogur con sabor a cereza,
perder de vista el reloj, el móvil y las costumbres,
viajar vendados los ojos a destinos insospechados,
escuchar sin suponer, compartir sin refutar, amar sin calcular.

Ahora sólo quedan los reproches de dos voluntades no satisfechas.
Los mejores amores son los que no se buscan,
y los peores desamores también.
Pero no me culpes por volver a pensar en que seas mi rutina,
por querer rescatar el sabor frutado de nuestro vino,
y pretender que sientas, una vez más, mi tinta en tu piel.



Samuel Álvarez Conejos
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